Creo que sigo extrañando Alemania. Qué chistoso, no? Nunca me imaginé vivir allá, ni aprender el idioma... mucho menos vestirme con el traje típico, pero sí, ya todo eso lo hice. Es que había que celebrar Halloween y decidí hacer honor al país que fue mi hogar por un tiempo. Y la verdad me encantó. Me sentí super bonita, además de que incluso algunos desconocidos me "chulearon" mi disfraz. Me divertí mucho, a pesar de la tos nazi que me cargo (nazi por aquello de que está decidida a exterminar mis débiles e inferiores pulmones). La buena noticia es que por fin decidí acercarme a una farmacia y ayudarle a mi cuerpo a sanar. Digamos que los antibióticos, el mucosolván y los tés, harán el papel de los Aliados. Pero bueno, ya estuvo bueno de tonterías medico-históricas, si me permiten inventar ese término. Lo único que quería era compartirles una foto de la noche de brujas. Cabe destacar que el tarro era prestado y además nunca lo llené. De por sí pesaba muchísimo! Si lo hubiera llenado yo creo que de plano se me cae el brazo. Gracias a Nanda, la hermana de Claudia por acompletar mi disfraz con el valioso accesorio. Saludos especiales a todos aquellos que, como dice Calamaro, "se fueron arriba antes que yo porque existe la vida eterna", en este día de muertos. Que sepan que los tengo siempre presentes, gracias por hacerme compañía. Y ya, ahora sí los dejo con la foto de mi Dirndl (el nombre correcto del traje alemán). Que tengan bonita semana, y recen por mí porque empieza el último parcial del semestre en estos días. Tschüß!
