Hoy, sagrado domingo, me desperté temprano para reunirme con mi equipo de la clase de microempresas... ¿Nuestra encomienda? Ir a un tianguis lejanísimo a entrevistar dueños de puestos y familiarizarnos con el ambiente. Al final del día debíamos conocer los retos de un tianguero (sin afán despectivo) al tratar de sacar adelante su negocio.
Es que este semestre estaremos asesorando microempresarios (valga la redundancia). Y bueno, yo no sé qué nos creen a los estudiantes en el Tec, pero me imagino que nos tienen en un concepto de desalmados, inhumanos, soberbios, egoístas... porque antes que nada nos mandaron a "sensibilizarnos" para que estuviéramos "preparados" para el proyecto.
La idea era que nos enfrentáramos con la "realidad" de la mayoría de los empresarios del país, y nos cantaron las instrucciones como si fuera una misión imposible. Les digo, como si fuéramos incapaces de tener conciencia respecto a las vidas ajenas...
Los requisitos eran: Uno, ir a un tianguis que no fuera fresa (no sé por qué nos dijeron eso si según yo se entedía por default, o sea según yo tiangis diferente fresa, pero así nos advirtieron). Dos, que entrevistáramos por lo menos a 5 dueños de negocios. Tres, que documentáramos en fotos o video y, last but not least, cuatro, que llegáramos en transporte público al lugar. Y por transporte público entiéndase camión urbano o tren ligero; los taxis estaban prohibidos.
La verdad al principio, cuando me dijeron en clase, yo no quería ir. Es que me lo habían pintado como super lejano, concurrido y peligroso. Ya sabrán, el profe tratándonos como totales extraños a la idea de "tianguis", nos advirtió que no lleváramos NADA, que no nos arregláramos, y que tuviéramos cuidado con a quién le pedíamos que nos tomara fotos. Yo dije "hmm, pues tanto así como tener auténticas ganas de ir a exponerme al lugar ese de mala muerte, pues no, verdad?". Luego, ya que vi que mi equipo tenía toda la disposición pues me animé. ¿Ya qué?
Así fue como conocí el famosísimo tianguis "El Baratillo", que consiste en cuadras y cuadras de puestos de todo lo que se puedan imaginar.
Me gustó eso de entrevistar gente, porque te enteras de caaaada cosa que bueno, qué les cuento? Una señora que tiene 40 años vendiendo dulces ahí, o un señor que produce pays de queso en su casa y se va a vender el finde con sus hijos y confesó que le encanta vender en el tianguis. Así pues, múltiples ejemplos de gente con la que nos topamos.
Honestamente no me sentí impactada ni sentí que mi perspectiva del mundo había cambiado radicalmente. No. Creo que soy bastante empática y tengo suficiente criterio para saber que el mundo de los demás no se ve como yo lo vivo a diario. Entonces a fin de cuentas la actividad no fue TAN útil porque no me hacía falta ir a meterme a la boca del león para comprender cómo es llenar los zapatos de otro. Digo, estuvo interesante, pero no me cambió la vida.
Lo que sí tengo que admitir que me conmovió, fueron los pobres animalitos que venden. Había muchísimos perritos llorando, algunos (varios) con una pinta de malnutridos destinados a morir, otros, disque perros de pelea, con las orejas recién cortadas y llenas de sangre. Un espectáculo terrible, bastante triste. Yo, ya se imaginarán, con ganas de salvar al mundo y liberar a todos los perros, gatos, pericos, pollitos de colores, lagartijas e incluso ardillas que vendían ahí (y con lo que odio a los roedores)...
Al final, concluimos satisfactoriamente la actividad y yo volví a mi realidad muy contenta, a enfrentar mis propios retos: la lavadora y la lista del mandado...
Es que este semestre estaremos asesorando microempresarios (valga la redundancia). Y bueno, yo no sé qué nos creen a los estudiantes en el Tec, pero me imagino que nos tienen en un concepto de desalmados, inhumanos, soberbios, egoístas... porque antes que nada nos mandaron a "sensibilizarnos" para que estuviéramos "preparados" para el proyecto.
La idea era que nos enfrentáramos con la "realidad" de la mayoría de los empresarios del país, y nos cantaron las instrucciones como si fuera una misión imposible. Les digo, como si fuéramos incapaces de tener conciencia respecto a las vidas ajenas...
Los requisitos eran: Uno, ir a un tianguis que no fuera fresa (no sé por qué nos dijeron eso si según yo se entedía por default, o sea según yo tiangis diferente fresa, pero así nos advirtieron). Dos, que entrevistáramos por lo menos a 5 dueños de negocios. Tres, que documentáramos en fotos o video y, last but not least, cuatro, que llegáramos en transporte público al lugar. Y por transporte público entiéndase camión urbano o tren ligero; los taxis estaban prohibidos.
La verdad al principio, cuando me dijeron en clase, yo no quería ir. Es que me lo habían pintado como super lejano, concurrido y peligroso. Ya sabrán, el profe tratándonos como totales extraños a la idea de "tianguis", nos advirtió que no lleváramos NADA, que no nos arregláramos, y que tuviéramos cuidado con a quién le pedíamos que nos tomara fotos. Yo dije "hmm, pues tanto así como tener auténticas ganas de ir a exponerme al lugar ese de mala muerte, pues no, verdad?". Luego, ya que vi que mi equipo tenía toda la disposición pues me animé. ¿Ya qué?
Así fue como conocí el famosísimo tianguis "El Baratillo", que consiste en cuadras y cuadras de puestos de todo lo que se puedan imaginar.
Me gustó eso de entrevistar gente, porque te enteras de caaaada cosa que bueno, qué les cuento? Una señora que tiene 40 años vendiendo dulces ahí, o un señor que produce pays de queso en su casa y se va a vender el finde con sus hijos y confesó que le encanta vender en el tianguis. Así pues, múltiples ejemplos de gente con la que nos topamos.
Honestamente no me sentí impactada ni sentí que mi perspectiva del mundo había cambiado radicalmente. No. Creo que soy bastante empática y tengo suficiente criterio para saber que el mundo de los demás no se ve como yo lo vivo a diario. Entonces a fin de cuentas la actividad no fue TAN útil porque no me hacía falta ir a meterme a la boca del león para comprender cómo es llenar los zapatos de otro. Digo, estuvo interesante, pero no me cambió la vida.
Lo que sí tengo que admitir que me conmovió, fueron los pobres animalitos que venden. Había muchísimos perritos llorando, algunos (varios) con una pinta de malnutridos destinados a morir, otros, disque perros de pelea, con las orejas recién cortadas y llenas de sangre. Un espectáculo terrible, bastante triste. Yo, ya se imaginarán, con ganas de salvar al mundo y liberar a todos los perros, gatos, pericos, pollitos de colores, lagartijas e incluso ardillas que vendían ahí (y con lo que odio a los roedores)...
Al final, concluimos satisfactoriamente la actividad y yo volví a mi realidad muy contenta, a enfrentar mis propios retos: la lavadora y la lista del mandado...

ME ENCANTA SEGUIR TUS RELATOS TAN LLENOS DE VIDA,Y NOS TRANSPORTAS CON UNA FACILIDAD,VAYA QUE FUE UN DIA INTENSO,TIENES RAZON ,FUE ALGO INFRUCTUOSO HABER VISITADO ESE TIANGUIS,PORQUE CUANDO SE ES SENSIBLE Y CON CRITERIO,(y Tu tienes ambas entre muchas cualidades mas) NO ES NECESARIO ESTAR PRESENTE EN LUGARES COMO ESTE, PARA DARTE CUENTA QUE; LA POBREZA Y EL SACRIFICIO VAN DE LA MANO Y SON MALES QUE AQUEJAN A NUESTRO MEXICO HACE MUCHO TIEMPO.TQM
ResponderEliminarTIA SILVIA G.